sábado, 21 de junio de 2008

EL CONFLICTO BÉLICO DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.

El recurso de la guerra ha sido continuamente usado a lo largo de la historia humana con el pretexto de ser el único remedio cuando la resolución de los conflictos por la vía política fracasa.
Durante la Primera Guerra Mundial se creó una nueva tecnología para perfeccionar e inventar máquinas e instrumentos para la destrucción. La guerra ocupó el aire, el mar y la tierra y, sobre todo en Europa, puso en movimiento a grandes masas de hombres y mujeres, quienes abandonaron sus actividades cotidianas para concentrarse sólo en el conflicto. A partir de entonces, cambió el papel de las mujeres en la vida social.

La disputa serbio-austriaca
Austria quería evitar que Serbia se convirtiera en líder del grupo de los estados balcánicos y, por las amenazas de los movimientos nacionales que buscaban la independencia, luchaba por mantener su situación de imperio multinacional y multilingüe. Después del asesinato del príncipe Francisco Fernando y su mujer, el gobierno austriaco consultó la delicada situación con Alemania, su aliada. Ésta le dio carta blanca, o sea, le aseguró brindarle su apoyo incondicional para que mantuviera su hegemonía en la zona.
Austria-Hungría le envió a Serbia un ultimátum de 48 horas, por el cual le exigió reprimir las acciones llevadas a cabo contra el Imperio, permitir que la policía austriaca investigara el magnicidio y castigar a los responsables. Por su parte, Serbia, que no estaba dispuesta a ir a la guerra, trató de arreglar el conflicto de la manera más conciliadora, pero alegó que las medidas que se le querían imponer violaban su soberanía.
La respuesta serbia le pareció insuficiente a Austria-Hungría. Acto seguido, el gobierno imperial rompió relaciones con Serbia y los militares austriacos se movilizaron. Por otro lado, el asunto les preocupó a los británicos, quienes tenían intereses en toda esta área geográfica por ser la conexión con Asia y el Medio Oriente. Los alemanes, quienes sí se preparaban para una guerra mayor, encontraron todo esto conveniente para ubicarse territorialmente mejor.
La situación también fue aprovechada por Rusia, la cual decidió apoyar a Serbia. De tiempo atrás, Alemania quería detener la expansión rusa a expensas de Austria y Turquía. Los gobiernos alemán y británico intercedieron para resolver el conflicto, pero no fue posible. Las flotas navales británica y alemana se concentraron en aguas territoriales en una visible confrontación. Con el afán de prevenir una intervención europea mayor, Austria le declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914.

El estallido del conflicto
Al día siguiente de haberle declarado Austria la guerra a Serbia, Rusia ordenó la movilización de sus tropas. Los alemanes le exigieron a los rusos que retiraran esta orden, pero ellos no lo hicieron. Alemania proclamó el peligro de guerra inminente y desplegó su ejército. Francia, como reacción contra su vecino, lo hizo así también. Alemania había previsto la necesidad de conquistar rápidamente a Francia, o sea, su frente occidental, para poder lanzarse contra los rusos antes de que éstos pudieran organizarse militarmente.
El 2 de agosto de 1914, Alemania le pidió al intromisión, pero los alemanes, violando la neutralidad belga, avanzaron. Esta agresión hizo que Gran Bretaña le exigiera a Alemania respetar a Béligca, lo cual equivalió a una declaración de guerra. En los días siguientes hubo un intercambio de declaraciones de guerra: Serbia a Alemania, Austria-Hungría a Rusia y Francia e Inglaterra a Austria-Hungría.
Al conocer la situación en Europa, Japón vio la oportunidad de ocupar las concesiones alemanas en China y de ampliar su zona de influencia desde el norte de China hasta el río Yang Tsé.
En unas cuantas semanas, el conflicto bélico se había extendido. Su duración sería mayor a los cuatro años (51 meses), del 4 de agosto de 1914 al 11 de noviembre de 1918. empezaban 31 años de guerra mundial, puesto que la Segunda Guerra sería la continuación de ésta.
Lo que había comenzado como un problema local entre Austria y Serbia se había convertido en una conflagración que se desplegaría por todos los océanos e involucraría al Medio Oriente, a una parte de África y Asia, a América y, por supuesto, a toda Europa. Las principales acciones bélicas se llevarían a cabo en los Balcanes y el océano Atlántico, a poca distancia de las islas británicas.
Según cálculos aproximados, la Primera Guerra Mundial –también llamada la Gran Guerra- tuvo un costo final de 10 millones de muertos en los campos de batalla, 20 millones de heridos graves o lisiados, cinco millones de huérfanos y 10 millones de refugiados.

La guerra en los frentes oriental y occidental.
El belicismo alemán respondía al proyecto del II Reich de buscar la unidad económica centroeuropea bajo su hegemonía. Alemania quería que este dominio irradiara como una estrella al este y al oeste, alcanzando desde Polonia al norte hasta Rumania al sur. Además, el II Reich quería ampliar sus posesiones coloniales y eliminar el dominio económico de la Gran Bretaña en el mar Mediterráneo, desde Marruecos hasta la India. Para ello, los alemanes promovían levantamientos nacionalistas entre los pueblos árabes.
Los planes expansionistas y anexionistas alemanes estaban motivados por una sobrevaloración de su potencia militar, por el nacionalismo y la creencia en su superioridad racial. Todo esto era promovido por los círculos de pangermanistas, los conservadores e incluso por una pequeña parte de los socialdemócratas.
Desde antes de la guerra, el conde Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor, había propuesto un plan de ataque en dos frentes: el oeste u occidental y el este u oriental.
A fines de agosto de 1914, en el frente occidental, Alemania había ocupado la mayor parte de Bélgica. Para septiembre se encontraba a poca distancia de París. A diferencia de lo ocurrido durante la Guerra –franco-prusiana, esta vez la contraofensiva francesa fue eficaz y el general Joffre logró detener el avance alemán con su victoria en la batalla del Marne.
A fines de octubre de 1914, las tropas franco-británicas y las alemanas se encontraron frente a frente en trincheras que habían sido cavadas en una larga línea que recorría desde el mar del Norte hasta la frontera con Suiza. Estas posiciones permanecerían así hasta el verano de 1918, variando sólo unos cuantos kilómetros en una dirección u otra. En las trincheras, los soldados pasaron meses o años enteros.

Desarrollo del conflicto.
Aquello que en su fase inicial había tratado de ser una guerra relámpago, o sea, la rápida derrota del enemigo, se transformó en una guerra de desgaste, con la cual se procuró agotar la resistencia del enemigo.
En el frente oriental, el ejército alemán, al mando del general Hindenburg, derrotó a los rusos en Tannenberg (26-29 de agosto de 1914), avanzó hacia el interior de los territorios rusos y obtuvo otras victorias en los lagos Masurianos (10-14 de septiembre de 1914).
Entretanto, Turquía cerró el paso de los Dardanelos (unica entrada al mar Negro) y se unió a los imperios centrales, provocando, como consecuencia, que los aliados (Rusia, Gran Bretaña y Francia) le declararan la guerra.
Para el invierno de 1914, la armada alemana tenía controlado el mar Báltico, pero Gran Bretaña había conseguido bloquear la costa atlántica y evitaba la entrada de alimentos y material de guerra a los puertos alemanes.
En mayo de 1915, Italia –la cual se había asociado con las potencias centrales cambió de bando. En un tratado secreto, Gran Bretaña y Francia le ofrecieron el sur del Tirol, la península de Istria, la costa dálmata, varias islas del Mediterráneo y pequeños territorios que todavía pertenecían al Imperio otomano. En esta situación, Italia le declaró la guerra a Austria-Hungría y, posteriormente, a Alemania.
Este mismo año, Alemania venció a los rusos en Polonia y ocupó Varsovia. Poco después, Bulgaria le declaró la guerra a Serbia. Bulgaria, junto con Alemania y Austria, ocuparon entonces Serbia y su pequeño aliado Montenegro.
En 1915 y 1916, Alemania puso en práctica el submarino, un arma nueva. Con ella logró hundir alrededor de 1 700 barcos británicos mercantes y neutrales e incluso el Lusitania, un barco de pasajeros, dentro del cual murieron 124 norteamericanos. A petición de Estados Unidos de América, en mayo de 1916, los alemanes abandonaron los hundimientos irrestrictos.
A fines de 1915, los imperios centrales habían logrado mayores éxitos que sus enemigos. En 1916 los alemanes no pudieron romper la línea defensiva occidental de Verdún, donde los detuvo el general francés Pétain y los británicos lo atacaron en el Somme. Sin embargo, ninguno de los dos bandos realizó acciones bélicas decisivas, aunque los alemanes mostraron su superioridad. Para ese momento, las muertes ya sumaban varios millones de hombres, sobre todo alemanes, franceses y británicos. La batalla de Verdún fue la más violenta. En ella murieron más de 300 mil personas y quedaron más de 400 mil heridos.
A mediados de 1916, Rusia obtuvo algunos triunfos y Rumania se unió a los aliados, pero los austro-alemanes la ocuparon a fines de noviembre y Alemania se anexionó parte de sus territorios.
En el frente occidental, la guerra entró en un punto muerto, tanto en tierra como en el mar. Las flotas británica y alemana se hallaba frente a frente en el mar del Morte, pero los océanos eran controlados por las potencias aliadas.
En 1917 nuevas batallas terrestres ocasionaron grandes pérdidas humanas. Con el fin de vencer a Gran Bretaña por hambre o antes de que la sometiera a ella, Alemania anunció el retorno de la guerra submarina irrestricta. En unos cuantos meses, hundió 2600 barcos, pero, esta vez, los vertiginosos adelantos de la tecnología inglesa detuvieron la destrucción. Estos adelantos eran, principalmente, hidrófobos, minas antisubmarinas y ondas ultrasónicas.
En cambio, en el frente oriental, Alemania derrotó a Rusia y consiguió que abandonara la guerra. Este retiro estaba motivado por la compleja situación que enfrentaba Rusia al haber triunfado la Revolución bolchevique en octubre.
Ese mismo 1917, Estados Unidos de América decidió declararle la guerra a Alemania, debido a la reactivación de los ataques submarinos. Los avances británicos y de sus aliados del Medio Oriente fueron considerables, pero el apoyo ilimitado de Estados Unidos de América, consistente en una gran cantidad de petrechos y hombres, fue lo que inclinó decisivamente la balanza a su favor.
Alemania aprovechó la Revolución Rusa para firmar la paz con Rusia en Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918). Con este tratado, Alemania logró el control de Polonia, la costa del mar Báltico y Ucrania. Sin embargo, hacia esas fechas gran cantidad de tropas norteamericanas desembarcaron en Francia.
Por la llegada de los norteamericanos, Alemania –cuyos submarinos habían sido finalmente expulsados- se apresuró a concentrar sus tropas en los territorios orientales recién obtenidos.
No obstante, entre marzo y julio, llevó a cabo cuatro ofensivas locales que la volvieron a colocar cerca de París.
A fines de julio, los aliados –ayudados por el ejército norteamericano- lanzaron una ofensiva general en todos lo frentes y obligaron a Alemania a retirarse de sus posiciones occidentales. Para ese momento, ya se habrían celebrado varias reuniones entre jefes de Estado con el fin de analizar la situación europea tras la guerra y con el objeto de apresurar la firma de la paz. Con la firma oportuna Alemania podría garantizar el armisticio antes de que su territorio fuera invadido.
En su retirada, en forma de venganza, el ejército alemán llevó a cabo acciones de destrucción y en Turquía dio muerte a un enorme número de armenios (alrededor de un millón y medio). Éste se ha considerado el primer intento moderno de eliminar a todo un pueblo. Se asesinaron civiles a sangre fría, se incendiaron pueblos enteros. Mujeres, ancianos y niños, amarrados en filas por cuerdas, fueron llevados a montañas y desaparecidos, otros fueron torturados o conducidos al desierto donde parecían por inanición.

La competencia tecnológica
Con el ánimo de imponer su fuerza imperial y convertir sus economías en potencias intocables, ambos bandos persiguieron el éxito total. En ese afán, la obsesiva atención en el conflicto bélico permitió la invención de nueva tecnología que más tarde fue adaptada a instrumentos cotidianos de uso doméstico, o para facilitar el trabajo. La guerra fue el costo pagado a la nueva ola de modernización.
En profundas trincheras cavadas en el norte de Francia, donde tenían lugar los enfrentamientos con los alemanes, podían advertirse algunas novedades tecnológicas, como los fusiles de repetición que eran más rápidos y precisos que los anteriores, periscopios, bengalas, trampas explosivas y sistemas telefónicos.
Durante la guerra, los alemanes utilizaron lanzallamas y gases asfixiantes, pero el uso de máscaras por sus contrincantes les restó valor como arma de ataque. En algunas batallas se usó el tanque, de invención británica, pero su exceso de peso lo hizo inoperante.
Durante la Gran Guerra, la competencia por el dominio de los aires se desgastó. Las aeronaves fueron básicas en tareas de reconocimiento del terreno.
En las primeras semanas, los alemanes se inclinaron más por emplear dirigibles capaces de transportar carga pesada y, sobre todo, para el bombardeo. En cambio, los aliados usaron más los aviones de caza.
El francés Roland Garros fue el primer piloto de combate que contó con una ametralladora sincronizada a la hélice del avión. Él fue hecho prisionero por los alemanes, quienes adoptaron y utilizaron el procedimiento por su cuenta.
En 1914, los talleres Friedrichshafen –montados por Zeppelín- construyeron un dirigible cada seis semanas. Éstos, junto con los Tauben, llevaron a cabo varios bombardeos sobre París y Londres.
En enero de 1915, seis zeppelines atravesaron el mar del Norte y retornaron intactos a su base. A partir de entonces, los ataques aéreos entre los combatientes se multiplicaron, pero los alemanes fueron siempre superiores en este campo.
En 1918 los alemanes contaban con una flota de más de 100 zeppelines gigantes que podían cargar hasta 40 toneladas de explosivos a una altura de más de 2000 metros y a una velocidad de 130 km/h.



Actividades

1. ¿Qué ocasionó el asesinato de Francisco Fernando?
2. ¿Qué países entraron a la guerra y cómo fue su entrada?
3. ¿Cuánto duró la guerra?
4. ¿Por qué crees que a esta guerra le llamamos “mundial” aunque no participaron todos los países del mundo?
5. ¿Cuándo se retiró Rusia de la guerra?
6. ¿Cuándo entró Estados Unidos a ella?
7. ¿Por qué se menciona en el texto que “la guerra fue el costo pagado a la modernización”?
8. Según tu opinión, ¿la guerra es una manifestación de instintos humanos agresivos o es producto de malas organizaciones políticas? Explica y desarrolla tu respuesta.
9. Según tu opinión, ¿la guerra es el único modo de resolver los conflictos entre naciones?

sábado, 14 de junio de 2008

Preguntas de reflexión

Para recordar: Inequitativa distribución de la riqueza

El economista inglés John Maynard Keynes escribió, en su libro Consecuencias económicas de la paz, lo siguiente:
La inmensa acumulación de capital fijo que, en beneficio de la humanidad, se realizó durante la segunda mitad del siglo XIX no habría sido nunca posible en una sociedad donde la riqueza hubiera estado repartida de manera equitativa. Los ferrocarriles de todo el mundo que se construyeron en esta época, como un monumento a la posteridad, no fueron otra cosa, como las pirámides de Egipto, que el trabajo de una mano de obra que no era libre de consumir para su satisfacción inmediata la contrapartida completa de sus esfuerzos.


Mafalda

I. PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
1.Sobre la cita de John Maynard K.
a) ¿Por qué el economista compara a los ferrocarriles del S. XIX con las
construcciones de las pirámides de Egipto? Explica.
b) ¿Crees que tiene razón? ´¿Por qué?

2.Sobre la tira cómica.
a) ¿Por qué crees que el personaje se queja de que le enseñen solamente hechos
pasados?
b) Desde cierta perspectiva, ¿tendría razón el personaje? ¿Si? (¿Cuál?) ¿No? ¿Por qué?

NOTA: Traten de desarrollar las preguntas lo más que puedan. Háganlo de una manera coherente, cuidando la redacción.

sábado, 7 de junio de 2008

La Primera Guerra Mundial

1. Antecedentes.
A fines del siglo XIX y principios del XX, los cambios tecnológicos y el desigual crecimiento económico crearon gran inestabilidad en el sistema internacional. El miedo de perder su preponderancia y el deseo de aumentar su poder económico había lanzado a las grandes potencias a una frenética lucha por conquistar los mercados de África, Asia y el Pacífico. Esta lucha se acompañó de una incesante carrera armamentista y de la creación de alianzas militares entre naciones.
Finalmente se organizaron dos bloques: los países de la Entente o aliados (Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos de América) y los Imperios centrales (Alemania y Austria-Hungría).
A pesar de las críticas de los socialistas y pacifistas a la guerra, la mayor parte de la población europea quedó convencida de que debía mantener la unión en sus países por encima de cualquier otra cosa.
El patriotismo y el entusiasmo por la guerra cundieron. Los hombres y las mujeres, sobre todo los de las grandes potencias industriales, se entregaron en cuerpo y alma a defender su nación del enemigo. Nadie sospechaba que significaría tal decisión.

La expansión del socialismo en Europa.
A principios del siglo XX, por Europa se había extendido la idea de que el sistema capitalista provocaba el egoísmo, la desigualdad y la injusticia sociales. El socialismo se miraba como el único proyecto capaz de sustituirlo.
Como se recordará, para ese momento, los partidos socialistas se habían multiplicado por todo el mundo y el número de sus miembros había crecido. La base de estos partidos estaba formada por los sindicatos obreros que constituían una importante fuerza de oposición contra la burguesía industrial. La huelga era su mejor arma de lucha y frecuentemente la utilizaban para conseguir mejores condiciones de vida y trabajo.
Los trabajadores defendieron su derecho al ascenso social y demandaron que las clases populares disfrutaran de todas las ventajas del mundo industrial. La expansión de la prensa, la educación y la publicidad habían generado nuevas necesidades materiales, como una alimentación más variada, mejores vestidos, casas habitación más amplias y con mayores comodidades.
En Inglaterra, la Sociedad Fabiana buscaba el avance paulatino del socialismo con el objeto de que la clase trabajadora llegara a dominar los destinos del Estado. Las ideas fabianas las recogió el Partido Laborista Independiente, fundado por Keir Hardie, del cual surgió el Partido Laborista (1906) –existente hasta nuestros días-. En sus inicios, este partido apoyó al Partido Liberal.
En Francia se había desarrollado una gran polémica entre mutualistas moderados, socialistas reformistas, socialistas revolucionarios y anarquistas. Esta polémica había dado lugar a la formación de varios partidos.
En Alemania y en las regiones germano parlantes, los socialistas estaban en el camino de conseguir la mayoría en las elecciones. Con gran influencia de los fabianos, Eduard Bernstein propuso una revisión de las concepciones de la socialdemocracia alemana y del marxismo. Como ya se señaló antes, se pensó que el marxismo se había equivocado, pues el nivel de vida de los trabajadores había mejorado, la educación se había extendido a las clases populares, los gobiernos habían reconocido a los sindicatos y la democracia gozaba de cierto respeto.
El liberalismo, el socialismo, el anarquismo y el nacionalismo se habían opuesto a las tradicionales ideas de las Iglesias Cristianas y, sobre todo, a las católicas.
A lo largo del siglo XIX, el poder de la Iglesia católica decayó por la proliferación de nuevas ideologías y también porque la Iglesia criticó la cultura moderna por negar la revelación divina y lo sobrenatural y por proponer la libertad de cultos y la moral autónoma. El rápido crecimiento de la población en las ciudades y los centros industriales no dio lugar a un incremento equivalente de la actividad religiosa.
Durante el papado de León XIII, las cosas cambiaron. La Iglesia propuso la doctrina del catolicismo social. El papa dio a conocer la encíclica Rerum Novarum (1891). En ella condenó los principios materialistas del socialismo y defendió el derecho a la propiedad privada y el concepto católico de familia; pero, por otro lado, también condenó la despiadada competitividad económica que generaba el capitalismo y la creciente acumulación de la riqueza en pocas manos.
El papa llamó a los católicos a crear asociaciones que ayudaran a paliar la pobreza, a defender los intereses de los trabajadores en las fábricas y el salario justo; a valorar la dignidad del trabajo y promover la creación de seguros médicos, de accidente y de vida. Por este medio, deseaba quitarle fuerza al socialismo.

El armamentismo
En los primeros años del siglo XX, se acumularon fuertes tensiones entre los Estados nacionales. En 1899 y en 1907 se celebraron dos conferencias internacionales por la paz en La Haya (Holanda) cuya finalidad fue detener la feroz competencia por la producción de armamento que había comenzado las grandes potencias a fines del siglo XIX.
Inglaterra y Alemania construían poderosos barcos de guerra, llamados acorazados, e incorporaban descubrimientos técnicos recientes a los rifles, las ametralladoras y la artillería. Ambas naciones consideraban que el dominio de los mares era el dominio del mundo y ambas estaban interesadas en ello. Las otras grandes potencias seguían caminos similares, sobre todo Francia, la cual no perdonaba el agravio sufrido a manos de los alemanes en la Guerra franco-prusiana y se inquietaba por el poderío bélico que acumulaba su vecina alemana.
En las conferencias de La Haya, la carrera armamentista no se pudo detener, en parte porque Alemania rechazó el desarme. Sin embargo, se concretaron algunos pocos acuerdos, como el tratamiento de los prisioneros de guerra. En caso de desatarse los conflictos bélicos, éstos debían ser alojados y alimentados adecuadamente, contar con asistencia médica y permiso para enviar y recibir correspondencia.
El estallido de una guerra entre las potencias era algo que podían prever los políticos y militares, los fabricantes de armamentos y los funcionarios de los gobiernos, pero que pasaba inadvertido para la mayor parte de la población europea. Una guerra generalizada de enromes y destructivos alcances era algo inimaginable. Pero en los últimos años del siglo XIX, con el auge de los movimientos nacionalistas, filósofos, poetas, artistas y profesores exaltaban el patriotismo, el sacrificio y el derramamiento de sangre de los pueblos. En ellos veían los valores esenciales que habían salvado la civilización. En pequeñas sociedades, en organizaciones tanto pangermanas como paneslavas y en asociaciones de excursionismo inglesas, alemanas y austriacas se transmitía la idea de la existencia de naciones elegidas por fuerzas supranaturales que tenían como destino realizar la misión civilizadora. En estas organizaciones se trataba de preparar a los jóvenes –a través del orden y la disciplina- para defender con fuerza y voluntad los valores de su cultura nacional.
Aunque lo que se exaltaba en todas la s potencias era el nacionalismo, había diferencia en los proyectos de cada una. Mientras intelectuales y científicos alemanes, austriacos y eslavos difundían el carácter enérgico y la superioridad de la personalidad de cada uno de sus pueblos; franceses y británicos defendían el liberalismo anglosajón y los principios de la Revolución Francesa como guías para el progreso y la salvación de la humanidad.
La enseñanza de la historia nacional contribuyó a exaltar los sentimientos patrióticos y nacionalistas. A los franceses se les enseñaba que el enemigo siempre había venido del este y que la más agresiva ofensa reciente era la del águila prusiana que le había arrancado a Francia la Alsacia y la Lorena.
En las escuelas alemanas se enseñaba que la nación germánica había sido conquistadora y colonizadora y que este pasado debía renacer, puesto que ella era la guardiana de la civilización occidental frente a la multitud de eslavos que la amenazaban desde el este. Los niños alemanes aprendían que su nación tenía que cuidarse del este pero también del oeste inglés y francés. Alemania se sentía rodeada y sabía que en caso de emergencia sólo contaría con la ayuda de Austria- Hungría y Turquía.
La historia de Rusia relataba las cualidades de los eslavos como pueblos unidos que habían sabido defender sus territorios de todos los invasores: primero de los guerreros escandinavos, después de los teutones y polacos y, más tarde, de los tártaros del sur y del peligro japonés.
Los socialistas denunciaron los preparativos de un conflicto bélico. También lo hicieron los partidos demócratas. El movimiento humanitario y pacifista tomó cuerpo y se inclinó por el desarme y establecimiento de organismos internacionales para dirimir los conflictos.
En este clima, el filósofo inglés Bertrand Russell fue una de las personalidades que advirtió el carácter agresivo y regresivo del ambiente cultural europeo, así como la posibilidad de una guerra de grandes magnitudes; rechazó todas las manifestaciones de nacionalismo y superioridad racial contenidos en las nuevas corrientes del pensamiento y adoptó una actitud pacifista, pero activa, que lo llevó a la cárcel.

Las alianzas políticas y las crisis marroquíes
Desde las últimas décadas del siglo XIX, las potencias habían establecido alianzas con el fin de aumentar su fuerza, apoyarse mutuamente en caso de guerra y ayudarse económicamente con inversiones o préstamos.
Tres imperios de Europa –el ruso bajo la dinastía Romanov, el austro-húngaro bajo la dinastía Habsburgo y el almeán bajo la Hohenzollern- organizaron la Liga de los Tres Emperadores (1873- 1878), pero ésta se debilitó por las fricciones entre Rusia y Austria en los Balcanes.
Para garantizar su posición frente a Rusia y Francia, Alemania reforzó su alianza con Austria. Ambos imperios firmaron un acuerdo (1879) defensivo y secreto, dirigido contra Rusia y eventualmente contra Francia. La presión ejercida por Inglaterra sobre Rusia, a causa de su expansión por Asia, motivó la firma de otro acuerdo secreto que no sería conocido hasta 1819. La firma de otro acuerdo secreto no sería conocido hasta 1918. Con él, Alemania, Austria y Rusia se comprometieron a mantener una neutralidad benévola en caso de que alguna de ellas fuera atacada por una cuarta potencia. Con ello nación la Alianza de los Tres Emperadores (1881-1887).
Los conflictos que enfrentaba Italia con Francia e Inglaterra por las posesiones coloniales propiciaron su acercamiento a los alemanes. Alemania señaló que una alianza con Italia tenía que incluir también a Austria. De aquí nació la Triple Alianza (Alemania, Austria e Italia). En esencia era un tratado defensivo respecto a Francia, del cual Austria e Italia sacaban grandes beneficios, pues podían practicar una diplomacia más enérgica. Más tarde se concretó la Doble Alianza entre Francia y Rusia.
Francia e Inglaterra habían llegado a entenderse en relación con ciertos problemas coloniales, como era el caso del norte de África. Francia había llegado a reconocer la posesión privilegiada de los ingleses en Egipto, e Inglaterra el derecho de los franceses a preservar el orden en el sultanto de Marruecos.
En 1902, después de ponerse de acuerdo con Italia y de planear con España la partición de Marruecos en dos protectorados, Francia empezó su penetración ahí. Como resultado de ésta, en 1904 fijó los límites de los protectorados y dejó a España en clara desventaja. Esto tuvo grandes repercusiones internacionales.
Alemania tenía intereses comerciales en Marrucecos y se consideró perjudiciada por los acuerdos de 1904. En lugar de hacer una reclamación frontal, los alemanes alentaron a los marroquíes a oponerse a los proyectos franceses. En 1905, el káiser Guillermo II desembarcó en Tánger y se declaró defensor del Islam. Esto desencadenó la primera crisis marroquí.
Como consecuencia del problema en Marruecos, Inglaterra, Francia y Rusia se unieron en la llamada Triple Entente (1905) contra los países de la Triple Alianza. Por primera vez, Inglaterra vio la posibilidad de intervenir en una guerra continental contra Alemania. La competencia naval entre Inglaterra y Alemania motivó a los ingleses a resolver sus diferencias coloniales con Rusia.
A partir de entonces, los países de cada uno de los dos bloques establecieron vínculos y compromisos con la finalidad de mantener el equilibrio de los poderes y protegerse del aislamiento en caso de agresión. Esto también significó que si llegara a ocurrir algún conflicto local, la guerra se expandiría en el continente.
En 1911 ocurrió la segunda crisis marroquí. El Reich había reconocido los intereses políticos de Francia en Marruecos a cambio de la libertad industrial y comercial de las compañías alemanas. En ese año hubo incidentes entre las compañías mineras francesas y alemanas, y Guillermo II mandó un cañonero a defender a sus nacionales. Francia, apoyada por Inglaterra, protestó pues temió el establecimiento de una base naval alemana en Gibraltar. Después de múltiples negociaciones, ambos imperios llegaron a un acuerdo, a través del cual Francia obtuvo el reconocimiento de su protectorado en Marruecos y Alemania compensaciones territoriales en el Congo. La paz se impuso de una manera muy precaria. Otros conflictos avivarían las discrepancias.

El ultranacionalismo en los Balcanes.
Desde fines del siglo XVIII, Polonia estaba dividida entre los tres imperios de Europa del este. A pesar de contar con una población entre 20 y 30 millones que se definía como polaca, sus principales ciudades estaban dominadas por otros: Varsovia pertenecía a Rusia, Danzing a Prusia y Cracovia a Austria-Hungría. Los polacos deseaban el renacimiento de una Polonia unida, independiente y autónoma.
Los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) habían sido incorporados al Imperio ruso y, a principios del siglo XIX, Rusia se había posesionado de Finlandia. En todas estas zonas, el zarismo había intentado la rusificación lingüística y administrativa para contar con una autoridad nacional. Sin embargo, Alemania también tenía intereses en esos territorios.
Si bien antes de estallar la Primera Guerra Mundial el Báltico era una zona de especial tensión, las dos regiones de mayor conflicto eran la frontera de Alemania con Francia y los Balcanes.
En los Balcanes existían muy distintos pueblos que reclamaban sus diferencias y particularidad religiosa, étnica, lingüística y territorial (serbios, eslovenos, croatas, albaneses, montenegrinos, macedonios, griegos, búlgaros y rumanos).
En 1908, los austriacos se anexionaron Bosnia-Herzegovina y frustraron la esperanza serbia de apropiarse de ese territorio. Algunas sociedades secretas serbias, resentidas por la situación, se prepararon para atacar al Imperio de los Habsburgo con actividades terroristas. La acción austriaca también afectó los intereses de otras naciones: de Rusia, la cual estaba interesada en la zona balcánica; de Turquía, la cual veía posibilidades de hacer renacer su autoridad en este territorio; y de Bulgaria y Rumania, porque tenían el proyecto de expandir sus territorios a costa de Austria.
En 1911 el gobierno italiano decidió emprender una ofensiva para su expansión colonial. Le pidió a Turquía que abandonara Libia y, ante la negativa turca, se lanzó al ataque. La Guerra italo-turca fue aprovechada por los servios y búlgaros, quienes sellaron, con Grecia y Montenegro, la Liga Balcánica contra el Imperio otomano. En esta situación de acorralamiento, Turquía firmó la paz con Italia (1912) y le cedió Libia y las islas del Dodecaneso. Pero los aliados balcánicos continuaron su embestida y se apoderaron de diversos territorios turcos. Por otro lado, Albania, con el apoyo de Italia, proclamó su independencia. Así, el mar Adriático se convirtió en un mar italiano.
En 1912 y 1913 ocurrieron dos guerras en los Balcanes. Cada nación se apropió de territorios turcos y entró en conflictos con las otras. La confusión fue creciente en esta zona. Mientras tanto, la Triple Entente y la Triple Alianza cobraron un carácter cada vez más agresivo, armaron sus cuadros y entraron en franca oposición. Alemania y Gran Bretaña procuraron detener las ambiciones de estas jóvenes naciones y contener los intereses rusos y austriacos. Simultáneamente, buscaron asegurar sus propios avances navales y coloniales.
Al concluir las dos guerras balcánicas, se intercambiaron territorios y se realizaron mutuas compensaciones. Todo estaba en relativa calma cuando, el 28 de junio de 1914, Francisco Fernando, el heredero del trono del Imperio de los Habsburgo, junto con su mujer, fueron asesinados en Sarajevo por un estudiante patriota bosnio-serbio, de nombre Gavrilo Princip, miembro de la organización secreta Unidad o muerte.


PREGUNTAS DE COMPRENSIÓN.
1. ¿Cuáles son los antecedentes, que se mencionan durante todo el texto, de la Primera Guerra mundial?
2. ¿Por qué, a principios del siglo XX, se quería que el socialismo fuera un sustituto del capitalismo?
3. ¿A través de qué los trabajadores adaptaron nuevas necesidades a sus vidas?
4. ¿Por qué el papa León XII llamó a los trabajadores a unirse para la lucha por un trato laboral digno.
5. ¿Fracasaron o lograron sus objetivos las conferencias por la paz realizadas en La Haya?
6. ¿Qué países conformaban la Triple Entente?
7. ¿Qué países conformaban la Triple Alianza?
8. ¿Qué pasaba en la región balcánica a principios del siglo XX?

Actividades
1. Busca quién fue Karl Marx y cuál fue su papel dentro del desarrollo de las ideas socialistas.
2. Busca cuál es la posición del socialismo o comunismo respecto a la religión.

sábado, 31 de mayo de 2008

El imperio norteamericano

EL IMPERIO NORTEAMERICANO

Hoy, la mayor potencia mundial es Estados Unidos de América. Este lugar lo consiguió después de la Segunda Guerra Mundial*, pero la forma como logró colocarse en la cima de la economía, del poder militar, diplomático y político sólo puede explicarse si se analiza su historia anterior.

Desde que las Trece Colonias Inglesas de Norteamérica obtuvieron su independencia, pero, sobre todo, desde que comenzó su expansión hacia el oste –a mediados del siglo XIX- Estados Unidos de América ha marchado sin detenerse a la conquista de territorios y mercados y ha incrementado su producción agrícola e industrial, sus niveles de exportación de materias primas, tecnología y capitales y su poderío científico y militar.

El crecimiento interno de Estados Unidos de América se ha visto beneficiado por su política imperialista. A lo largo del siglo XIX, en forma paulatina y bien calculada, fue arrojando a Inglaterra, Francia y España del continente americano y delimitando su área de influencia. Su estrategia ha sido usar los recursos, la agresividad y la confianza en su “destino manifiesto” e intervenir política, militar y económicamente, primero en Latinoamérica y el Caribe, en las islas del Pacífico y Asia oriental y, más tarde, en el resto del planeta.

La esclavitud

En la primera mitad del siglo XIX, oleadas de jóvenes inmigrantes procedentes de Irlanda, Alemania, Escandinavia y Francia llegaron a Estados Unidos de América. La mayor parte de esta población buscaba trabajo, pero también que su credo religioso y su vida en libertad fueran respetados. Se ubicaron en los estados del norte donde, desde 1830, se desarrollaba una intensa actividad industrial. Sin embargo, pronto fueron atraídos por las riquezas del oeste, por sus tierras, sus minas, sus maderas, animales y pieles.

La gran aventura de conquistar el oeste se realizó entre 1843 y 1845. Entonces se organizaron numerosas caravanas de colonos, de las cuales muchas se perdieron y sucumbieron por hambre y otras cayeron en manos de los indios. En 1846 miles de mormones llegaron a Utha y establecieron pequeñas granjas, construyeron canales de riego y se impusieron vigorosos ritmos de trabajos y severas normas de conducta. En 1848 el descubrimiento de oro, plata y de otros yacimientos minerales aceleró la expansión hacia el oeste y desató la conocida fiebre del oro.

La expansión colonial forzó a los indios a renunciar a sus derechos sobre las tierras y aceptar vivir en reservaciones.

Pocos inmigrantes europeos fueron a los estados del sur. Aquí las condiciones de vida eran muy distintas. Predominaban grandes extensiones de tierra en manos de pocos dueños que se dedicaban al cultivo del tabaco, pero, sobre todo, del algodón. El 60% de los esclavos negros trabajaban en esta zona y constantemente se requerían más, pues la demanda de algodón de los grandes telares del norte iba en aumento y los dueños de estas plantaciones controlaban el monopolio mundial de este producto.

En la mayor parte de las plantaciones, los negros cubrían excesivas jornadas de trabajo y sufrían malos tratos por parte de los capataces, quienes también eran negros. Ahí vivían prisioneros y sus hijos nacían igualmente esclavos. Algunas sectas evangélicas habían encontrado la justificación de la esclavitud en la Biblia y habían visto en este sistema la clave de la prosperidad de la nación. Pero desde 1817, un movimiento abolicionista denunció la crueldad de los dueños de esclavos y luchó por acabar con la esclavitud.

En 1820 se estableció el Compromiso de Missouri, por el cual se permitió la esclavitud en los estados al sur del paralelo 36o. Con ello la nación quedó dividida oficialmente en estados esclavistas y antiesclavistas. No obstante, el movimiento abolicionista continuó creciendo y, para 1830, contó con 500 sociedades en el norte.

La existencia de estados antiesclavistas facilitó la huida de los negros del sur al norte. Estos trabajadores se refugiaban en casas de abolicionistas o buscaban emplearse con los empresarios capitalistas. Los amos de los esclavos demandaban enérgicamente su devolución. Para ellos, los esclavos constituían una mercancía que no estaban dispuestos a perder porque habían pagado dinero por ella. El conflicto entre norte y el sur fue severo pero lo que rompió totalmente el equilibro y empezó a encender los ánimos fue la pregunta de si sería permitida o no la esclavitud en los nuevos territorios que la Unión iba adquiriendo.

Napoleón Bonaparte le había vendido Louisiana a Thomas Jefferson (1803). Estados Unidos de América le había comprado La Florida a España (1819).

Los estados ubicados al norte del río Bravo, que pertenecían a México, estaban escasamente poblados y padecían la constante penetración de traficantes norteamericanos. Con la autorización del gobierno mexicano, desde principios del siglo XIX, grupos de colonos norteamericanos se habían instalado en Texas. En 1835 estos colonos se opusieron a la política centralista del presidente mexicano Santa Anna y proclamaron la Independencia de Texas. Santa Anna les declaró la guerra, pero ellos, con ayuda de la Unión, lograron vencerlo. En 1848 se firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo por el cual México le cedió Texas a Estados Unidos de América con la frontera del Río Bravo, Nuevo México y la Alta California. Con ello, México perdió dos millones de km2.

Inicialmente, a los nuevos territorios conquistados se les prohibió la introducción de la esclavitud, pero más tarde se les dio autonomía para resolver el problema. Los yankees demócratas, que predominaban en el norte, consideraron nocivo para la nación que una mitad fuera libre y la otra esclavista. En cambio, los aristócratas latifundistas del sur argumentaron que sus intereses económicos descansaban en el trabajo esclavo y le pidieron al Congreso volver a permitir el tráfico de esclavos africanos.

El problema de la esclavitud se convirtió en la clave del mantenimiento de la unión política de los estados. En torno a este problema se desarrollaron intensos debates, entre los cuales sobresalió el sostenido entre Frederick Douglas –un antiesclavista hijo de padre blanco y madre negra- y Abraham Lincoln.

La Guerra de Secesión

En 1861 Lincoln fue elegido presidente de Estados Unidos de América. Sus ideas sobre la esclavitud no eran totalmente abolicionistas, pero su deseo de conservar la Unión era su meta más firme. Con Lincoln, los sureños sintieron que sus intereses estaban amenazados e iniciaron un movimiento secesionista o separatista.

El primer estado que empezó la escisión fue Carolina del Sur, seguido por Mississippi, Alabama, Florida, Georgia, Louisiana y Texas. Estos siete formaron los Estados Confederados de América y se propusieron elaborar su propia Constitución. Posteriormente a ellos se sumaron otros estados.

Ese mismo año (1861) estalló la guerra. Mientras en el sur se decía que se luchaba para mantener el país del hombre blanco, en el norte crecía la conciencia de que la secesión constituía un rudo golpe al republicanismo, la libertad y la democracia y, por tanto, había que combatirla.

Los estados Confederados del Sur eran más débiles en hombres, armas y dinero que los del norte. Pese a ello, desplegaron una furiosa resistencia. Los unionistas, en cambio, contaban con armamento moderno y un sentimiento patriótico mayor.

En plena guerra, Lincoln fue reelegido presidente. En esa época era claro que para salvar la unión había que abolir la esclavitud.

En 1865, los confederados entraron en graves problemas. No contaban con el reconocimiento internacional de Inglaterra y Francia, sus puertos estaban bloqueados al comercio y, a pesar de las batallas ganadas por el general Robert Lee, los ataques de los norteños causaban grandes bajas.

La guerra civil concluyó en 1865 a favor de los unionistas. Había provocado la mayor cantidad de muertos registrada en toda la historia de Estados Unidos de América, incluyendo las posteriores dos guerras mundiales, la guerra de Corea y la de Vietnam.

El sur y el oeste quedaron devastados, las carreteras, caminos y puentes destrozados y la población desmoralizada. Durante los siguientes 20 años, las cosechas de algodón y tabaco fueron muy escasas. En cambio, en el norte, el proceso industrial no se detuvo. La guerra había activado la economía y había traído prosperidad.

Alrededor de cuatro millones de negros alcanzaron la libertad y se lanzaron a las ciudades a buscar un nuevo futuro. Sin embargo, la población negra carecía de propiedades, dinero y formación escolar, lo cual la colocó en desventaja. Pocos negros consiguieron tierras o lograron instalar su propio negocio. Otros se hicieron obreros de las minas de carbón, las fundiciones de acero y las fábricas de tabaco. La mayoría regresó a las plantaciones para realizar los mismos trabajos, pero ahora en calidad de hombres libres.

Las constituciones de los Estados extendieron los derechos civiles –como la posibilidad de votar y ser votados- a los negros. No obstante, la integración de la población negra en Estados Unidos de América constituiría un problema endémico. Sociedades secretas como el Ku Klux Klan (el “imperio Invencible del Sur”) y otros grupos racistas usaron –desde entonces y hasta nuestros días- el terror y la violencia para impedir que los negros participaran en política y para que la supremacía blanca se mantuviera.

La revolución económica

Los norteamericanos tomaron de Inglaterra los primeros descubrimientos técnicos, pero les añadieron sus propias ideas y los adaptaron a sus necesidades.

Después de la independencia, Estados Unidos de América había dependido de Inglaterra porque era su mayor compradora de materias primas y de ella recibía préstamos y productos manufacturados. Esta situación se superó pronto debido al espíritu de empresa y la inventiva norteamericana. Las máquinas textiles heredadas de la tecnología inglesa se mejoraron, se construyeron máquinas y barcos de vapor, máquinas de coser, relojes, bicicletas, máquinas de escribir y se inventó el telégrafo.

Durante la Guerra de Secesión la industria del norte creció y se diversificó. La Unión mantuvo abiertas sus rutas marítimas con los mercados extranjeros, nació una nueva clase de especuladores, se crearon grandes fortunas y se estimuló la producción sobre todo la que estaba al servicio de la guerra, como uniformes, lámparas de queroseno, leche condensada y carne seca. También se hicieron los primeros experimentos para enlatar verduras.

Dos de los grandes secretos de la industria norteamericana fueron la producción en serie y la invención de piezas estándar. La producción en serie –basada en una desarrollada división del trabajo y en la cuidadosa programación de la producción en cada una de sus etapas- aumentó considerablemente el arsenal de mercancía. La fabricación y uso de piezas estándar o intercambiables permitió el rápido montaje y reparación de las máquinas.

Simultánea a esta revolución industrial, se dio una revolución agrícola. La colonización del oeste había permitido la instalación de granjas y la introducción de técnicas modernas para la producción de cereales, sobre todo de trigo.

Las reservaciones de los indios constituían un estorbo a la expansión, de modo que la guerra contra ellos se intensificó. Las matanzas de pieles rojas, sioux, cheyennes, navajos y apaches provocaron represalias de éstos contra los blancos en los llanos y las montañas.

Sin embargo, los ambiciosos mineros y colonizadores, así como los constructores de las grandes redes de ferrocarriles transcontinentales que unirían el Atlántico con el Pacífico, terminaron imponiéndose y lograron el casi completo exterminio de la población india.

La espectacular expansión territorial, el crecimiento de la población y el desarrollo de la economía norteamericana respondió el carácter ambicioso de sus hombres para quienes ni la Naturaleza ni otros pueblos podían ser obstáculos.


PREGUNTAS DE COMPRENSIÓN.

1. Según varias afirmaciones a través de todo el texto, ¿cómo es qué Estados Unidos alcanzó un poderío mundial?

2. ¿Cuáles eran las diferencias entre los estados del sur y los estados del norte en Estados Unidos durante el siglo XIX?

3. ¿Cuándo Estados Unidos quedó separad oficialmente en los estados del sur y los del norte?

4. ¿Cómo es que Texas, un territorio originalmente mexicano, pasó a manos de los estadounidenses? ¿Qué presiente mexicano estuvo involucrado en esto?

5. Según el texto ¿quiénes fueron las dos minorías que han sido afectadas durante la historia de los Estados Unidos de América?

6. ¿Estas minorías, actualmente, ya no son perseguidas? Justifica y desarrolla

7. ¿Abraham Lincoln tenía cómo meta acabar con la esclavitud?

8. ¿Cómo se dio la revolución económica, mencionada en el texto, en los Estados Unidos?

Actividades

1. Investiga sobre la separación del estado de Texas de México. Resume la información y anótala.

2. Investiga qué es la Doctrina Monroe y anótalo con tus propias palabras. (no olvides citar fuentes)

3. Investiga qué es el Destino Manifiesto y anótalo con tus propias palabras.

sábado, 24 de mayo de 2008

El reparto de África

A partir de 1880 uno de los acontecimientos más importantes de la historia mundial fue el veloz reparto de África entre las potencias europeas. Si esto no hubiera ocurrido, quizá no se hubiera hablado con tanto énfasis de imperialismo.
Las reclamaciones de Alemania e Italia –que sintieron “haber llegado tarde al reparto”-, la ocupación de Egipto por la Gran Bretaña y las ambiciones francesas del Sudán occidental fueron detonantes de la lucha por concluir la total conquista de este continente. Sin embargo, múltiples intereses intervinieron también en este proceso: los préstamos bancarios en el África mediterránea, la extracción de aceites vegetales en el África occidental, la búsqueda de tierras, oro y diamantes en el África central y del sur. Esta expansión no estuvo exenta de conflictos con los pueblos nativos, los cuales opusieron resistencia de acuerdo con su capacidad militar, y fue llevado a cabo –como ya se dijo- por compañías por acciones protegidas por los gobiernos de los Estados.
Al prohibirse el comercio de los esclavos en Gran Bretaña, ésta perdió el interés por las colonias de la costa atlántica de África (Gambia, Sierra Leona y Costa de Oro). El comercio se orientó entonces hacia América del Sur, China y la India. No obstante, colonos ingleses se instalaron en la colonia de El Cabo –en el extremo sur de África-, en Nueva Zelandia y Australia.
En la segunda mitad del siglo XIX, Gran Bretaña consolidó su dominio en el Mediterráneo con la adquisición de tres bases navales (Gilbraltar, Malta y Adén) y la isla de Chipre; pero, sobre todo, con la obtención del principal lote de acciones de la Sociedad del Canal de Suez y la ocupación de Egipto, el cual, por conflictos financieros, había suspendido el pago de su deuda pública a Inglaterra y Francia. El nacionalismo egipcio se opuso a la ocupación inglesa de su territorio, pero los ingleses se impusieron con la fuerza militar. Su plan era adueñarse de todo el valle del Nilo con el fin de asegurar la ruta marítima hacia su más preciada colonia, la India.
La misión de la Gran Bretaña en África era conquistar “de El cabo al El Cairo”, o sea, de la punta sur hasta el noreste del Mediterráneo, una gran franja que ocupaba casi toda la mitad oriental de África. Avanzó hacia Nigeria y el Sudán y en el sur conquistó Rhodesia, después de vencer a los zulúes y ocupar Bechuanalandia. A fines del siglo XIX, Somalia, Kenia y Uganda también se transformaron en colonias británicas. Al vencer a los boérs (colonos de origen holandés) en la Guerra anglo-bóer (1899-1902) el Trasvaal (república Sudafricana) cayó en sus manos. Ahí se encontraban grandes yacimientos de oro y diamantes.
El imperio francés también tuvo un especial interés en el África mediterránea. En 1930 Francia había ocupado Argelia que sería la “Francia de ultramar”, el granero de Francia. A Argelia emigraron colonos franceses. A fines del siglo XIX eran más del 10% de la población. En 1881, a pesar de la oposición de Inglaterra e Italia, Francia instauró su protectorado en Tunicia y se disputó Marruecos con Alemania y Gran Bretaña. La ocupación francesa se extendió al sur por el Sahara (Mauritania y el África occidental). Francia quería consolidar su control sobre Senegal y hubo conflictos con Inglaterra por el Sudán. En 1865 ocupó la isla de Madagascar.
Francia, Inglaterra y Rusia eran las mayores poseedoras de colonias en Asia y África y en ellas habían encontrado un ancho campo para la actividad de sus compañías por acciones. Cuando Alemania e Italia lograron su unificación, tenían las mismas exigencias imperialistas que ellas, sin embargo, la tierra ya estaba ocupada y tuvieron que conformarse con los residuos. África era la única oportunidad, pero aun aquí sólo podían ambicionar los territorios que habían sido despreciados por otros.
Las grandes potencias se reunieron en Berlín (entre 1884 y 1885) con el fin de fijar las normas internacionales para la fundación de colonias en África. Se reconoció la independencia y soberanía del Congo, bajo la tutela de Leopoldo II de Bélgica, quien tenía planes de crear una gran empresa comercial y ocupar nuevas tierras en el corazón de África. Para este momento, Alemania ya había establecido relaciones comerciales privadas con distintos pueblos africanos y los protectorados de Togo, Camerún y África del sudoeste. Después fundó la Compañía de África Oriental para explotar una amplia zona entre Rhodesia y los Grandes Lagos. Esto creó malestar entre los ingleses porque obstaculizó sus deseos de apropiarse de toda la franja de El Cabo a El cairo.
Italia se estableció en Masaua (en el Mar Rojo), fundó la colonia de Eritrea y tomó una parte de Somalia. Entre tanto, Angola y Mozambique siguieron siendo posesiones portuguesas y una pequeña parte de Marruecos y Río de Oro posesiones españolas.
La ocupación de África produjo fricciones entre las potencias. Más adelante, estas fricciones culminarán en las crisis anteriores a la Primera Guerra Mundial.



Para recordar: Las civilizaciones africanas
Antes de que se emprendiera la masiva trata de esclavos africanos en los siglos XV y XVI en África habían existido grandes civilizaciones como la Ghana sudanesa, el imperio Mali o el de los songhais en el Níger medio.
Ante la demanda europea de esclavos, algunos jefes negros orientaron sus actividades a la captura de hombres para obtener a cambio de armas de fuego y artículos europeos. Las armas les dieron poder y les permitieron consolidar su autoritarismo. Estos jefes organizaron tribus a lo largo de las costas africanas y, con el fin de someter a las poblaciones, nombraron sacerdotes que leían el oráculo, adivinaban el futuro o realizaban otros tipos de magia.
Algunos pueblos africanos trataron de huir de las “cacerías de negros” y se refugiaron en el centro del continente. La desarticulación de sus antiguas religiones y tradiciones, así como el miedo a la esclavitud, desmoralizó a los africanos e inhibió su interés por desarrollar la agricultura y la manufactura. Se limitaron a sobrevivir con lo que encontraban a la mano o a consumir los productos introducidos por los europeos.
En estas condiciones, el sometimiento de las poblaciones africanas que quedaban “libres” a finales del siglo XIX fue relativamente fácil para los europeos, aunque se registraron múltiples resistencias –sobre todo de los pueblos musulmanes- al igual que grandes masacres.

ACTIVIDADES
1. ¿Por qué razones las potencias Europeas tenían intereses en África?
2. ¿Cuáles son las causas que se dan en el texto sobre la colonización de África? (Esta pregunta está relacionada con la anterior)
3. Identifica en un mapa dónde está El Cairo y El Cabo para identificar qué territorios planeaba conquistar Inglaterra.
4. ¿Quiénes eran las potencias qué tenían más colonias en África?
5.- ¿Cómo crees que se relaciona el que un pueblo no desarrolle una agricultura y una manufactura propias con la cuestión de que estos pueblos son fácilmente colonizados?
6.- ¿Cuál es tu opinión sobre el reparto de África? ¿Crees que esto influenció a que se causara la pobreza que actualmente se vive en todo ese continente?

sábado, 17 de mayo de 2008

El desarrollo del capitalismo

Las formas que han adoptado las culturas para sobrevivir materialmente han correspondido a particulares sistemas de ideas y creencias. La vida material y la espiritual constituyen una unidad indisoluble. Por ello, conforme el capitalismo se fue imponiendo, la manera de concebir el mundo y el sentido de la vida se modificaron. Pero también ocurrió a la inversa, conforme la manera de concebir el mundo y el sentido de la vida se transformó, el capitalismo se impulsó.
El sistema capitalista se acompañó de una misión civilizadora que pretendió legitimarlo y justificarlo. Esta misión impuso –en forma pacífica o violenta- los valores, las creencias y las costumbres propios de la llamada civilización occidental: la modernización, la fe en el progreso, la superioridad de los blancos, el cristianismo como suprema religión y el trabajo como la más elevada virtud. Frente a este complejo todos los obstáculos y resistencias puestos por los rebeldes o socialistas, por los pueblos primitivos o por imperios tradicionalistas como los asiáticos se derribaron.
La competencia entre las potencias por colocarse en el primer lugar, en la posición hegemónica, trajo fricciones, luchas y guerras que desembocaron en la primera conflagración mundial.

La idea del progreso
A lo largo del siglo XIX la industrialización prosiguió y se acompañó de descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas. En esta época, la idea de que la humanidad avanzaba hacia el progreso se consolidó y frecuentemente se unió a la idea de evolución. Se creyó que a lo largo de la historia los seres humanos se habían acercado a la verdad y que sus posibilidades para resolver problemas, ser felices y dominar su entorno eran cada vez mayores.
En la obra de varios pensadores franceses de la Ilustración, la idea del progreso ya se había expresado. El marqués de Condorcert, por ejemplo, escribió un libro titulado Esbozo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano, en el cual sostuvo que la liberación de los individuos de la opresión, la sumisión y la tiranía del destino era un episodio que indicaba la marcha hacia el perfeccionamiento humano.

El conde Saint-Simon dedicó sus mayores esfuerzos a descubrir leyes del progreso tan exactas como las leyes de las ciencias naturales. Como ya se señaló antes, para él la edad de oro de la humanidad se alcanzaría pronto, cuando la sociedad fuera dirigida por los industriales, los científicos y los artistas.La tesis de Saint-Simon se difundieron y tuvieron mucha influencia en la formación de la visión del mundo, la educación y las políticas científicas de los gobiernos. Su continuador, Augusto Comte, creó una nueva ciencia: la Sociología, encargada de estudiar la estructura y funcionamiento de las sociedades. Para ello propuso una nueva teoría: el positivismo, y la presentó como una nueva religión de la humanidad.

En el siglo XIX casi todos los proyectos de sociedad –incluidos los socialistas- afirmaron que la tendencia al progreso era natural, es decir, estaba dada por las leyes de la Naturaleza o por Dios. Nada ni nadie podía oponerse a este determinismo. La finalidad del conocimiento era encontrar la esencia, o sea, lo que determinaba el movimiento general de la Naturaleza y la historia de las sociedades. La actitud científica y racional era la interesada en conocer la forma exacta del comportamiento de esas leyes, en adecuarse y actuar conforme a ellas, e incluso en desplegar la voluntad para promoverlas. De esta forma, la fe en el progreso mantuvo muchos elementos de esa nueva religión que Comte había querido impulsar.

En el siglo XIX y aun en el XX, la fe en el progreso se convirtió en el fundamento del comportamiento de la burguesía. Con este principio se justificó la incesante acumulación de capitales y el dominio de los pueblos atrasados por las potencias imperiales europeas y por la norteamericana.

A pesar del reconocimiento generalizado de la idea del progreso, también surgieron dudas y críticas a ellas. El economista Thomas Malthus, en su Ensayo sobre el principio de la población (1798), avizoró algunos nubarrones al advertir que la población siempre crecía más aprisa (en progresión geométrica) que los medios de subsistencia (en progresión aritmética), lo cual en el futuro generaría hambre y violencia. El liberal inglés John Stuart Mill, aunque reconocía el progreso humano, advertía los peligros que podía traer el conformismo social y cultural. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche hizo un diagnóstico desesperado y trágico de su época y cuestionó el hecho de que sobre la razón y las creencias admitidas se crearan falsas esperanzas sobre el futuro. Para él, lo que realmente movía a los seres humanos no eran las virtudes, sino el instinto, el miedo, el egoísmo, el ansia de poder y la voluntad de dominio.

La segunda Revolución Industrial
A lo largo del siglo XIX la población europea se cuadriplicó. El crecimiento de la población y del consumo de mercancías impulsaron la producción industrial que requería cada vez mayor cantidad y diversidad de materias primas. La necesidad de materias primas incidió en el descubrimiento y explotación de nueva fuentes, muchas de las cuales se encontraron en el continente americano, en la Europa del este o bien en las colonias asiáticas y africanas.
A partir de 1860, en Europa y Estados Unidos de América, se registró una nueva ola de grandes descubrimientos científicos y adelantos técnicos. A este fenómeno se le conoció como la Segunda Revolución Industrial.

Aunque en los países industrializados la actividad económica fundamental siguió siendo la agricultura, la fabricación de máquinas, armas y vehículos de transporte; la siderurgia, la industria química y la electrotécnica fueron concentrando mayores inversiones. Esto condujo a los países no industrializados a desempeñar el papel de surtidores de granos y otros alimentos y materias primas. Entre 1800 y 1900 se inauguraron áreas agrícolas de explotación en regiones subdesarrolladas y se descubrió la mayor parte de las riquezas minerales, como el níquel en Canadá, el cobre y el zinc en Australia, el salitre en Chile y el estaño y el caucho en Malasia.
La economía mundial entró en una mayor interdependencia. Los países pobres y ricos se necesitaron mutuamente. A esta época se le ha considerado como la primera globalización de los mercados.

Los grandes volúmenes de importación y exportación de mercancías tuvieron un fuerte impacto en el desarrollo de las comunicaciones y los transportes. Se necesitaban vehículos que soportaran cargas pesadas y cruzaran grandes distancias a alta velocidad. Asimismo, era necesario dinamizar los negocios y mantener una permanente comunicación entre compradores y vendedores.

Gracias a los avances de la electricidad, la comunicación a la larga distancia –inalámbrica o por radio- se hizo posible. Desde 1836 Morse había inventado el telégrafo. En 1845 se inauguró el telégrafo público y para 1877 se instaló el teléfono (Grahan Bell), más adelante perfeccionado por Edison.

En la segunda mitad del siglo XIX, en toda Europa se tendieron redes de ferrocarril. La introducción de los ferrocarriles provocó gran euforia entre los usuarios. Simbolizaron el control de la Naturaleza por el hombre y la tan deseada marcha ascendente hacia el progreso. El mundo se achicó y los viajeros se sintieron potentes y libres.

El ferrocarril disciplinó a su clientela a horarios precisos de llegada y salida. El “tiempo es dinero”, hay que “ahorrar tiempo”, no debe “mal gastarse el tiempo” fueron algunas frases que, aunque no eran nuevas, se hicieron populares en esta época. Éstas indicaron cómo se había extendido la conciencia del tiempo. La división en horas, minutos y segundos fue un factor para el cálculo de las jornadas de trabajo, las distancias y el ordenamiento de los flujos de seres humanos y capital.

A la Segunda Revolución Industrial se le conoce también como la “era del ferrocarril” y también se le ha llamado la “era del acero”. A partir de 1875 se empezó a usar el acero para la construcción de máquinas, herramientas y armamento y se descubrió el acero inoxidable. El acero tiene propiedades exclusivas para la construcción de motores de combustión interna, generadores eléctricos y turbinas de vapor. La sustitución de rieles de madera y hierro por los de acero le permitió a las locomotoras transportar grandes volúmenes y cargas pesadas a gran velocidad y reducir el costo del transporte. Más adelante se diseñaron líneas aerodinámicas para reducir la resistencia de las locomotoras al aire. Los barcos también recibieron los beneficios del acero. Los cascos de madera fueron reemplazados por cascos de acero y se incorporaron calderas y hélices de este metal. Con ello, también los barcos aumentaron su capacidad de cargo y velocidad para cruzar los océanos. El desarrollo de los ferrocarriles y los barcos de vapor permitió a los europeos comprar grandes cantidades de trigo a Rusia y América.
El automóvil también se desarrolló gracias al uso del acero. El Lenoir, Hugon y Otto fueron fabricados en la década de 1860. le siguió el Gottlieb Daimler y el Kart Friedrich Benz fabricados en Alemania, Inglaterra y Francia.

Parte importante de la Segunda Revolución Industrial fue el descubrimiento de la disposición estructural de los átomos en una molécula, lo cual se aplicó a la química industrial, y el descubrimiento de fuentes petrolíferas subterráneas. En ellas se aplicaron nuevos métodos de extracción de petróleo crudo y de refinación.

Los primeros grandes yacimientos de petróleo se descubrieron en Pensilvania en 1859. La Standard Oil se fundó en 1870. en su fase inicial, el petróleo se usó para fabricar lámparas de queroseno, lubricantes, grasas y combustible bruto de uso doméstico. Posteriormente fue imprescindible para la industria y los transportes. También en este terreno sirvió el acero, pues permitió perfeccionar los barrenos rápidos para la extracción del petróleo y más adelante para la explotación de diamantes en Holanda y en Estados Unidos de América.
Los experimentos científicos con electricidad se aplicaron a la gran industria a fines del siglo XIX. Grandes plantas generadoras fueron instaladas en Londres, Nueva Cork y Milán. Esta nueva fuente de luz, calor y energía contribuyó a cambiar el sentido del tiempo y de la vida. Al permitir que las noches iluminadas alargaran los días, los restaurantes, los bares, los conciertos, la ópera, el teatro y otros espectáculos emplearon gente y modificaron los usos y costumbres, así como la fisonomía de las ciudades.

El desigual desarrollo económico.
A lo largo del siglo XIX, Inglaterra, Francia, Bélica, Holanda, Alemania, Estados Unidos de América y Japón consolidaron su posición como grandes potencias económicas y militares. La nueva tecnología y los avances científicos ocurrieron fundamentalmente en estas naciones. Aquí, el desarrollo del capitalismo fue mayor porque sus poderosas compañías por acciones –ahora poseedoras de ferrocarriles, concesionarias de canales y propietarias de consorcios- mantuvieron buenas relaciones con sus gobiernos. No obstante, sin llegar a adquirir su riqueza, a finales del siglo XIX y a principios del XX, en Italia y la península Ibérica, en los países escandinavos y en la Rusia europea, en algunos países de América Latina y, sobre todo, en Canadá, también se fueron introduciendo algunos adelantos. Para el siglo XX todo el planeta participaba de una u otra forma, en el sistema capitalista mundial con sectores agrícolas o mineros dedicados al comercio internacional o bien a la manufactura y la industria.

El desarrollo del capitalismo ha sido desigual, así también la concentración de la riqueza y el bienestar. Según algunos pensadores –como el sociólogo alemán Max Weber- el racionalismo, el sentido de la responsabilidad en el trabajo, el ahorro, el individualismo y el pensamiento libre y creativo fueron cualidades que favorecieron del espíritu de empresa y la rápida expansión de la industria y el mercado.

En cambio, la ausencia de estas cualidades en pueblos extraeuropeos o pertenecientes al Hemisferio Sur de plantea ha sido el mayor freno del progreso. Pero lo que realmente explica los diferentes grados de desarrollo es encuentra en la historia de la conquista de los mercados. En ella puede advertirse cómo las grandes potencias europeas, junto con Estados Unidos de América y Japón, utilizaron diversos métodos para obligar o convencer a los pueblos de explotar y vender sus recursos naturales y humanos y de comprar lo que los países industrializados ofrecían. Se intentó que, de la noche a la mañana, se borraran las antiguas tradiciones y se adoptaran las reglas del capitalismo y la burguesía liberal.

En las últimas décadas del siglo XIX empezó una nueva fase de colonización mundial, la cual se ha designado con el nombre de imperialismo. Con anterioridad, la palabra imperialismo se había referido al derecho del Imperio Británico de defender su comercio internacional y sus colonias, así como el impulso expansionista francés en tiempos de Napoleón I y Napoleón II. Ahora, el término indicó tanto el derecho de las grandes potencias imperiales a defender sus intereses coloniales como la nueva tendencia de la economía mundial.

En la época del imperialismo –que coincide con la Segunda Revolución Industrial- las potencias imperiales no se interesaron en ocupar territorios y probarlos con colonos o fundar bases comerciales como había ocurrido desde el siglo XV. En esta época, su mayor interés fue invertir en otros territorios para controlar la producción y transportación de valiosas materias primas, emplear su mano de obra barata y crear nuevos mercados que compraran sus productos, sobre todo, sus máquinas.

Europa otorgó préstamos a los países colonizados para que los invirtieran en los transportes y comunicaciones necesarios para la exportación de materias primas. Por ello, la infraestructura de las colonias (ferrocarriles, puertos, carreteras y caminos) se construyó para el servicio de las metrópolis, generalmente siguiendo una línea recta entre las plantaciones y minas y los puertos. Estos préstamos debían pagarse según las condiciones fijadas por las compañías, los bancos y grupos financieros de las primeras potencias.

Entre otros muchos factores, el crecimiento de las deudas de los países colonizados y la corrupción de sus gobiernos y burguesías locales impidieron su industrialización. Las elites sí consumieron los productos manufacturados de los países desarrollados, pero no la mayoría de la población que se mantuvo en la pobreza. No obstante, las metrópolis transformaron las arcaicas relaciones económicas mantenidas por siglos en las colonias por unas más modernas basadas en el trabajo intensivo y especializado. Estos cambios estuvieron acompañados de la difusión de los conceptos culturales, valores religiosos, usos y costumbres de la llamada “civilización occidental”.
Aunque el interés económico fue el básico, la nueva conquista de los mercados tuvo que aparentar no ser bárbara o injusta. Cada una de las grandes potencias desarrolló la idea de haber sido elegida por fuerzas providenciales o supranaturales para civilizar al resto del mundo.
Estas misiones civilizadoras insistieron en la división del mundo en razas inferiores y superiores, en pueblos desarrollados y primitivos, en naciones cultas e ignorantes, educadas o bárbaras. Con ello llegaron a justificar incluso el exterminio de poblaciones enteras.

A partir de 1880 las grandes potencias entraron en una intensa competencia por el control de los mercados. En Europa esta competencia propició numerosos pactos y alianzas, con los cuales se trató de evitar la violencia y mantener el equilibro. No obstante, el clima de tensión mundial se fue incrementando. Las grandes potencias industriales crearon sus esferas de influencia o zonas de acceso exclusivo y se repartieron completamente el mundo.
Todos los territorios apetecibles de África y muchas regiones ricas del Medio Oriente y Asia se convirtieron en esferas de influencias de las potencias europeas.

La formación de los nuevos Estados Nacionales había fortalecido la creencia en que el futuro sería para las naciones industrialmente más fuertes, o mejor dotadas, y para aquellas que acumularan mayor voluntad o inteligencia. La política internacional se convirtió en una lucha entre las potencias por colocarse en el primer lugar, por tener la supremacía o hegemonía mundial. Por ello, a finales del siglo XIX empezó un proceso de rearme, principalmente naval, pues se pensó que el dominio del mundo estaba en control de los mares.

PREGUNTAS DE COMPRENSIÓN
1. ¿En qué consistió la misión civilizadora que intentó justificar al capitalismo?
2. ¿Qué opinas sobre la tesis de Condorcet en su Esbozo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano?¿Crees que es cierta o falsa? ¿Por qué?
3. ¿Cuál es tu opinión sobre la tesis de Saint Simon? ¿Por qué?
4. ¿Quién es el fundador de la Sociología?
5. Menciona cual era la actitud que se tenía ante el progreso en el Siglo XIX. ¿Compartes esa opinión? ¿Si? ¿No? ¿Por qué?
6. ¿Por qué en el texto dice que la fe en el progreso se convirtió en la justificación del comportamiento de la burguesía?
7. ¿Cuál era la tesis de Thomas Malthus en su Ensayo sobre el principio de población? ¿Crees qué es verdadera o falsa? ¿Por qué?
8. ¿A qué se le conoce como la Segunda Revolución Industrial?
9. ¿Qué simbolizó la entrada del ferrocarril en Europa en el siglo XIX?
10. ¿Cuál fue la importancia del acero?
11. ¿Cuáles son los factores que propone Max Weber que propiciaron la expansión de la industria y del mercado en Europa? ¿Crees que esta tesis es cierta o falsa? ¿Por qué?
12. ¿Crees que es una coincidencia que el Imperialismo haya coincidido con la Segunda Revolución Industrial? ¿Por qué?
13. ¿Qué impidió el desarrollo industrial de los países colonizados?
14. ¿Por qué crees que Europa ayudó por medio de préstamos a los países colonizados para que invirtieran en transportes, comunicaciones (necesarios para la exportación de materias primas)?

domingo, 4 de mayo de 2008

Introducción a la historia

Definimos a la historia como el estudio de los hechos humanos trascendentes, es decir, todos aquellos hechos que han tenido consecuencias importantes en el desarrollo de las sociedades. La historia empieza con la escritura, ya que es con ella cuando el ser humano puede plasmar por escrito lo que acontece en su alrededor, o sea, es cuando queda un testimonio perdurable de los hechos que le rodean. Le llamamos época Prehistórica al periodo en el cual no existía la escritura, pero sabemos de ella gracias a los fósiles y a las creaciones humanas (vasijas, pinturas, collares, etc.).
La escritura es muy importante para el estudio de la historia, gracias a ella tenemos testimonios de acontecimientos pasados. Las culturas orales, que no poseen escritura, viven del presente, es decir, los recuerdos que ya no les afectan directamente son desechados (a estas culturas se les llama homoestáticas) . La falta de escritura no les permite recordar todo. La escritura, a las culturas que la poseemos, nos sirve para tener memoria. En los libros y códices se encuentra escrito el trayecto de la humanidad.
El concepto de "verdad" no tiene nada que ver con las definiciones de prehistoria e historia. Si bien es cierto que la historia se inicia con la escritura, esto no quiere decir que todos los textos escritos sean verdaderos. Por el contrario, muchos textos denominados históricos han sido falseados para favorecer cierta ideología, persona o sistema político.
Formalmente hablando, podemos considerar al ateniense Tucídides (460 a.C. -400) como uno de los primeros historiadores. Tucídides estudió la historia como producto de acciones humanas, observando causas y efectos, sin intervenciones divinas (aunque a Tucídides le podemos reprochar que se tomaba la libertad de inventar discursos para atribuírselos a ciertos personajes). Antes de Tucídides, la historia era vista como producto del Destino (que entre los griegos era el dios más poderoso), los actos de los seres humanos ni cambiaban, ni hacían, ni movían la historia, sino que todo era obra divina. Antiguamente, los historiadores querían, con sus relatos, dar ejemplos a seguir, es por eso que personas como Tucídides inventaban discursos heroicos en boca de ciertos personajes.
Entre los filósofos griegos, tenemos dos opiniones importantes relacionadas con la historia. Para Platón, el progreso que acontecía en la historia era producto divino, mientras que la decadencia y los errores históricos eran productos de las obras humanas. Por otro lado, Aristóteles en su libro Poética, donde analiza la naturaleza de la poesía griega, menciona que la poesía es superior a la historia, ya que la primera relata lo que debería ser, no lo que en verdad es como lo hace la historia. Es decir, pone la belleza de las cosas encima de la verdad de ellas; una concepción extraña para uno de los filósofos más racionales de occidente.
Debido a la subjetividad de las fuentes, surge el principal problema metoológico de la historia, ¿qué fuentes son confiables y cuáles otras sólo sirven a sus propios intereses?. Además, se desprende otra pregunta, ¿quién escribe la historia? ¿la versión de quién es la que predomina y por qué?
Para resolver los problemas teóricos sobre la historia, existe una rama del saber llamada filosofía de la historia. Esta rama especula, además, un posible fin teleológico en la historia, es decir, se pregunta si ella tiene un diseño específico, un principio, un director o una finalidad.
Hay tres cuestiones básicas que se pregunta la filosofía de la historia:
1. ¿Cuál es el sujeto propio del estudio del pasado humano? ¿el individuo? ¿la cultura? ¿toda la humanidad?.
2. ¿Hay patrones en la historia? (¿los ciclos se repiten? ¿existe el progreso?) ¿o no los hay y la historia carece de sentido?
3. Si existe el progreso, ¿cuál es su dirección?


I. ACTIVIDADES.
1.- Busca dos definiciones de historia
2.- Anota tu opinión (y dudas, si las hay) sobre el texto anterior, ¿qué te parece interesante? ¿qué te resulta extraño?

II. Con tus propias palabras, contesta las siguientes preguntas.
1.- ¿Por qué la historia comienza con la escritura?
2.- ¿Por qué podemos decir que las culturas con escritura poseen más memoria que las culturas orales?
3.- ¿Por qué consideramos a Tucídides como uno de los primeros historiadores?
4.- ¿Por qué, para Aristóteles, la poesía es superior a la historia? ¿Qué opinas sobre esta concepción de Aristóteles?
5.- ¿Cuál es el principal problema metodológico de la historia?
6.- ¿Qué es la filosofía de la historia y cuales son las tres cuestiones básicas que trata?